Borges y García Márquez

  “Cuando estaba solo, José Arcadio Buendía se consolaba con el sueño de los cuartos infinitos. Soñaba que se levantaba de la cama, abría la puerta ypasaba a otro cuarto igual, con la misma cama de cabecera de hierro forjado, el mismo sillón demimbre y el mismo cuadrito de la Virgen de los Remedios en la pared del fondo. De ese cuarto pasaba a otro exactamente igual, cuya puerta abría para pasar a otro exactamente igual, y luego a otro exactamente igual, hasta el infinito. Le gustaba irse de cuarto en cuarto, como en una galería de espejos paralelos, hasta que Prudencio Aguilar le tocaba el hombro. Entonces regresaba de cuarto en cuarto, despertando hacia atrás, recorriendo el camino inverso, y encontraba a Prudencio Aguilar en el cuarto de la realidad.”
Cien años de soledad
Gabriel García Márquez.
El universo (que otros llaman la Biblioteca) se componte de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas.
La biblioteca de Babel.

Jorge Luis Borges

 

Leer  Algo pasa.. de Gabriel García Márquez
Leer El rastro de tu sangre en la nieve de Gabriel García Márquez

 

La verdad de las alfombras voladoras.

 

Asombrado, le preguntó a Úrsula si todo aquello era verdad, y ella le contentó que sí, que muchos años antes los gitanos llevaban a Macondo las lámparas maravillosas y las esteras voladoras.
 
-Lo que pasa -suspiró- es que el mundo se va acabando poco a poco y ya no vienen esas
cosas.
Esto es verdad, antes había alfombras voladoras, Ahora ya no hay, se de buena fuente porque un árabe tenía una toda roída de tantos viajes. “ya no vuela”- me dijo y le creí. Me contó que todas las esteras voladoras provenían de un mismo tejido, o del tejido de un vegetal de un mismo campo o misma cosecha. Los vuelos las desgastan demasiado. “Nosotros los árabes fuimos los primeros en visitar América” me acotó. Se gastaron muchas alfombras en ese viaje, por eso no se hizo más y luego un Kalifa o algo así murió sin dejar descendencia. No del todo, me aclaró sonriente señalándose a si mismo. La idea fue abandonada.

En el pueblo ya nadie se acuerda de Don Nicolás… pero yo si… no pierdo las esperanzas de encontrar alguna.

Patricio Peralta R

Alfred Hitchcock en una de las últimas alfombras que voló

 

A veces digo algo y me miran como si fueran monos escuchando las explicaciones del experimento de Alain Aspect. Pibes que ya no son tan pibes se han olvidad de cosas muy populares como esta.
R.E.M. – What’s The Frequency, Kenneth

 

Alguna vez se olvidarán de Luis Alberto, de Jorge Luis, de Malena y María Esther. Espero ser parte de olvido para cuando lleguen esos tiempos de no-mundo. Hablar solo entristece.

Algo muy grave pasa en este país


Hace un tiempo publiqué un texto llamado : tirándole la lengua a la vieja facha
Me basé en unas palabras que dijo una ‘señora’ en un encuentro ascensoril. En el post van a ver que mientras todo el mundo ( todo no, éste es un chiste interno) se quejaba en la calle podrías ver carteles solicitando personal
Los seguí viendo y los sigo viendo, pero es demasiado el trabajo hacer fotos y publicar.
Aunque lo fui modificando y actualizando esa entrada tiene más de dos años o tres y se refiere a expresiones que venía escuchando desde hace mucho tiempo atrás… 2008… o antes, antes del conflicto del campo.
Pero este es un mundo de mierda, un mundo regido por los poderosos. No se puede hablar mal de un banco. Tienen protección jurídica, la excusa de la corrida bancaria. Si un banco va a quebrar no se puede decir nada, no importa si es verdad o no. Si lo decías, vas en cana. Que se jodan los ahorristas mientras los banqueros no responden con sus bienes personales por la quiebra.
No resulta lo mismo para la economía del país, no importa los registros “records” de consumo que hacen que reviente el sistema energético, no importa si es verdad, podés decir todas las mentiras que quieras que perjudiquen a la economía.

Esto se va a la mierda, pero más que un vaticinio o pronóstico  científico era una expresión de deseo de varios que conozco.
y no pasaba nada
¿ Y que hacés cuando de asustan con el hombre de la bolsa o el cuco?
empezás a tenerle miedo al hombre de la bolsa… al cuco..
Si te meten miedo económico.. sacás un crédito? comprás el autito y esperas?
si no sacaste el crédito y no compras la moto… la bicicleta…. que le pasa a la economía?


Y ahora estamos cagados 

Gabriel García Márques -Un pequeño homenaje aquí– escribió:Algo muy grave va a suceder en este pueblo”

El problema es que venía sucediendo desde siempre, gente de mierda que quiere mierda para los compatriotas.

 Algo muy grave va a suceder en este pueblo



Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde: -No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.

Gabo

Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice: -Te apuesto un peso a que no la haces. Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta: -Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo. Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice: -Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto. -¿Y por qué es un tonto? -Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo. Entonces le dice su madre: -No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen. La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero: -Véndame una libra de carne -y en el momento que se la están cortando, agrega-: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado. El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice: -Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas. Entonces la vieja responde: -Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras. Se lleva las cuatro libras; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice: –

Gabo, recibiendo el Nobel

¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo? -¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor! (Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.) -Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor. -Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor. -Sí, pero no tanto calor como ahora. Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz: -Hay un pajarito en la plaza. Y viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito. -Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan. -Sí, pero nunca a esta hora. Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo. -Yo sí soy muy macho -grita uno-. Yo me voy. Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen: -Si este se atreve, pues nosotros también nos vamos. Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo. Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice: -Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa -y entonces la incendia y otros incendian también sus casas. Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando: -Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca.

Si llegaste hasta acá, te invito a leer Una vida en el día de un tal Patricio Peralta