Patricio Rey y las aventuras de Nova Max

Encontré una excusa para contar mi primera incursión en el cine. Se estrena una película de los redonditos. El alucinante viaje de Patricio Rey y sus redonditos de ricota Tiene imágenes viejas, no las que le robaron a Rocambole, son las que cedió Beilinson. La notadice, la copio con estilos y todo:

–¿Y Guillermo?
–En un momento, todo indicaba que había que hablar con él, por todo lo que significó y motorizó al grupo, porque generaba situaciones y hacía que las cosas sucedieran. Habíamos intentado dar con él y no habíamos podido ubicarlo, pero de pronto un día estábamos desgrabando unos reportajes a Rocambole y Fenton, y ¡justo los dos entrevistados lo mencionaron al mismo instante! Nos miramos y decidimos llamarlo ahí mismo. Le dijimos que estábamos haciendo un documental y sabíamos de la existencia de sus filmaciones, y que nos gustaría entrevistarlo. En ese momento nos dijo que no quería dar entrevistas, pero que las películas las tenía y que al volver de un viaje nos mostraría el material. Esperamos un mes y medio, fuimos a verlo a su casa y nos dio unos VHS viejos.

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–Pero la película tiene material de calidad fílmica.
–Esos VHS se veían bastante mal porque se ve que tuvieron cientos de pasadas, pero al menos ahí pudimos confirmar que ese material existía, por ejemplo el viaje a Salta. ¡Piel de gallina cuando lo vimos! Seguimos viéndolo cada tanto, y quedamos en mostrarle un corte de la película, cuando eran sólo entrevistas sin material de archivo. En ese momento, él consideró que había algunas cuestiones que no estaban bien narradas por otra gente, y le pareció que era importante dar su testimonio, “en honor a la verdad”, dijo. A la semana hicimos esa entrevista maravillosa, que se convirtió en el eje de la película, y luego nos llevó a un cuartito en el fondo de la casa, y sacó una caja llena de latas de Super-8, en estado impecable. Había filmaciones de shows y hasta la película de ciencia ficción que hizo en La Plata con el Indio y todo un grupo de gente. aria Eran mis tiempos radiales de los 90. Básicamente me ganaba la vida como operador técnico mientras hacía que estudiaba. También colaboraba en producciones de programas varios. Ahí tuve la oportunidad de amigarme con Fenton. Había sido el primer bajista de Patricio Rey y los Redonditos de ricota y trabaja como operador técnico en la querida Radio Universidad, institución a la cual todavía pertenece. Comenzó haciendo suplencias en nuestra radio, luego se quedó con el turno de los Domingos a la mañana, y yo lo reemplazaba al mediodía. A veces lo encontraba durmiendo. Creo que antes de su época, cuando había algún otro operador que afortunadamente olvidé, me entregaban el turno luego de un programa onda revival conducido por un par de actores, uno que había sido imitador de Michael Jackson y otro que se llama Juan Palomino y usaba lentes. Ahora se debe ser éste último el que afortunadamente me olvidó. ja Pero hablábamos de  Fenton, el Pepe, que me hizo creer que su apellido era de verdad Fenton, como el de Hollywood, que tenía una Aria Pro II blanca que te babeabas. Bluseaba bien. Él me pasaba los tonos de las primeras canciones que intenté cantar, Lenny Kravitz, RHCP, Hendrix, cosas así. Pero no recuerdo el orden de las cosas. Él me contó la verdadera historia del nombre de los redonditos de ricota. Por la receta de una tal Patricia en la revista Para Ti del año del pedo, olvidada en otro cuartito. Un parecido al que alberga los rollos de Guillermo, el de la tía del Indio en Valeria del Mar. Él fue ayudarle al indio a tirar los trastos viejos. Eso me contó él y por eso es la verdadera. Aunque cuando me dijo que se apellidaba Fenton me hubiera macaneado. Cosas de artistas, yo también le decía a él que era estudiante. Estamos por empezar una película con Guillermo, me dice. Que Guillermo, pregunté yo esperando algún chiste del tipo, ” el que te la puso y te dejó enfermo”. Pero no, era Guillermo Beilinson, el hermano de Skay. Y cómo una película, dije yo, no se puede. Si, se puede, hay que tener el conocimiento y la guita. Y éste tenía las dos cosas. Se puede ver. No, me dice el pepe, no se puede, pero podés venir a ayudar. Así que me aparecí por el galpón de esa empresa. Se accedía por una puertita de la persiana, entrabas directamente, no había  seguridad, eran otros tiempos. Los tiempos en que apenas se empezaba a robar ropa de los tendedores, la semilla de lo que vendrá. A propósito de ” Lo que vendrá” ya no lo recuerdo, pero creo que el cámara era el mismo de esa peli. En ese galpón, había otro galpón. Un galpón atrás del galpón. Ahí estaban trabajando, había un radiograbador gigantesco en el piso. Se escuchaba música clásica. Creo que justamente de una radio que se llamaba “Clásica”, en esa época, los de las radios comunitarias éramos pocos y todavía entraban por el éter las radios capitalinas. Alguien lo conoce, dijo un flaco alto de barba con ánimo de echarme. Lo busco al Pepe, me dijo que venga. Creo que él estaba subido a una escalera. Éste es el pibe que te dije, porque en esa época yo era un pibe.  Va a haber chicas, me había dicho, pero por eso no fui. Yo fui por la pelí. Y había chicas sí, bailando, pero no era para tanto. En otra película Star Runners curiosamente de ciencia ficción se reprodujo una escena casi idéntica. Repetición del arte. El Pepe y otro operador de aquella radio eran los técnicos, electricidad, audio, estructuras. Todo lo importante. Para lo otro me tenían a mí. Ahí me puse a hacer de todo.  No recuerdo que hubiera asistente de dirección, ni el primero ni el segundo. Así que supongo que ese era yo. Me acuerdo que tenía una adidas tenis celestes, porque eran baratas, no porque jugara, y que haciéndome el boludo trataba de que salieran en un escena, pero ellos eran observadores. Había un pedazo de escenografía que se caía, se veían unas mangueras y unos cables. Era la entrada al boliche donde los personajes iban a  buscar combustible para la nave. Con dos bidones entraban, ponele que el propelente de la nave se llamara Propol, eso decían los bidones. Yo tenía que soportar con la mano que esos cables  y alambres no se vieran durante la toma. Tenía bigotitos el capitán y entraban con unos bidones, no me acuerdo del otro que entraba con él. El subcapitán, ya que si era comedia se ciencia ficción seguro que el copiloto se llamaba subcapitán. Después tuve que pintar, pinté unos cachivaches que reflejaban la luz. Un color verde mate. Parece que los pinté mal dos veces, porque igual provocaban un reflejo molesto. El cámara no quería filmar así. Detrás de esa escena estaba la parte donde habían bailado las chicas, pero ahora habían desmontando todo, ya no era un bar, era un quirófano. Lo que pinté era un aparato que proyectaba luz a una mesa de operaciones. El capitán de la nave se había transformado en una salchicha gigante e iban a operarlo. “es una típica distribución de Aldendorf” ensayaba uno de los actores. No sabía lo que era una distribución. Al año siguiente cursé probabilidad y estadística y ahi me enteré que eran. El reflejo seguía molestando. Yo casi propongo dar una tercera mano de pintura, pero el problema era la misma pintura. Pintura que no tenía nada de mate. sym Alguien tuvo una idea, no se si era el que había dirigido el primer video de los redonditos. O quizás este director apareció después o yo confundo los días de filmación. El tema fue que inclinando un poco el aparataje se solucionaba todo. Total era ciencia ficción y si todo parecía estrambótico era mejor. El ángulo del reflejo daba para otro lado, el cámara estaba contento. Después, o antes, tuve que hacer de fumador. Nunca fumé, pero tuve que hacer de fumador. En ese bar futurista de ficción se brindaba servicio de humo gratis. En la barra había boquillas que colgaban de no se donde. Los alienes podían fumar de esas boquillas. Yo era el que estaba detrás encendiendo y reemplazando los puchos. Fue la segunda vez que fumé tabaco. El capitán de la nave fuma eso, o toma un trago de algo que le da el barman y se transforma en una salchicha gigante. Yo me la quería comer. Pero juro que no fue mi culpa. Seguro que fue culpa del barman, el ponía cara de póker. Había sido el presentador de los Redonditos en la primera época, el que se peleaba con Enrique Symns y luego quedó afuera. Hay fotos en la web, donde dice “mufercho” pero no es este personaje, se confunden, es Symns el que aparece. Lozano De Fenton en el debut, en el Lozano si hay fotos. Afortunadamente. Dicen que al debut de los Sex Pistols fueron 30 personas. Sin embargo, toda inglaterra decía que había ido. Conocí el caso inverso, alguien, del mismo apellido que este actor que hacía de Barman, se jactaba de que lo habían invitado pero no fue. El mito invertido. Pero volvamos a la filmación. Trato de acordarme de los diálogos y de cómo se registraba el audio. No me acuerdo nada, sólo imágenes. Lo que mas me gustaba era el catering, me comía todo, no se cuantos días fui, no fueron muchos, pero alcancé a ver un revelado, esta escena de la barra al menos. Había un morocho gordito con los pelos parados como una cresta de gallos. Después hubo otras escenas, piratas que abordaban la nave, ahí actuó Ricardo Ibarlín, pero yo no lo ví. Lo conocí después, fue unos de mis primeros lectores porque éramos vecinos, si no, no le mostraba nada. Dejé de ir porque me sentía culpable de no estudiar, tampoco mucho no estudié. No me acuerdo si esto se filmó antes o después de Terminator II. El tema es que pasó el tiempo y la película no se terminaba porque no sabían como hacer los efectos especiales. Un profesor de la facultad nos explicaba que los costos para renderizar efectos digitales se estaban viniendo el picada. Ya no eran tan caros. Les mandé a decir eso. Pero no pasó nada, yo no importaba. La peli nunca se terminó, están los rollos apilados en un galponcito. Como los que ahora tengo en mi cintura.
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