Un país con buena gente I

El tipo venía lo más pancho paseando su perro. No era viejo, morocho, medio pelado y de lentes -el señor no el perro-. El cuadrúpedo animal era un mestizo de mediano a gran porte, una especie de Husky o Samoyedo medio flaco con pelo corto. Blancuzco pero todo salpicado de negro como si algún pariente fuese dálmata. Parecía que no mucho antes todavía era cachorro. Me llamó la atención como empezó a dar vueltas en el mismo lugar buscando acomodarse mientras su dueño, correa en mano lo consentía pacientemente. Le cuesta decidirse, le dije justo al pasar cuando el can comenzaba a hacer fuerza encorvando el lomo. Ah, si son inentendibles estos. Cuando llegué a la esquina volví a mirar. El tipo venía detrás de mí, sonriendo mientras en el fondo todavía humeaba el sorete del perro en el medio de la vereda. Y fresco caminaba el sorete del dueño. Así somos, así estamos.

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